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La fragilidad financiera de la educación superior en Colombia: una alerta que no podemos ignorar

18,03, 2026

Bogotá D.C, 27 de agosto de 2026. La Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Superior - ACIET sostuvo una reunión de trabajo con el Presidente del ICETEX, Dr. Richard Alexander Caicedo Rico, en la que se abordaron los principales desafíos y oportunidades para fortalecer la financiación, la pertinencia y el fortalecimiento de la educación superior en Colombia.

Durante el encuentro, el Presidente del ICETEX destacó la necesidad de recuperar y fortalecer la entidad como instrumento social, mediante fórmulas de trabajo conjunto entre el ICETEX y las Instituciones de Educación Superior, bajo la premisa de que las dificultades económicas no deben convertirse en una razón para que un estudiante no ingrese o se retire del sistema.

En materia de financiación, planteó la importancia de desarrollar líneas concretas para la formación técnica y tecnológica, teniendo en cuenta las características laborales de sus estudiantes, así como fortalecer la educación en modalidad virtual, reconociendo el crecimiento de esta modalidad y su potencial para ampliar el acceso. También se puso sobre la mesa la posibilidad de revisar mecanismos de subsidios y fortalecer los esfuerzos en materia de educación financiera.

El Presidente resaltó igualmente que el fortalecimiento del sistema requiere el trabajo colaborativo de las IES, independientemente de su naturaleza, reconociendo que el ecosistema de educación superior es mixto (público – privado), en el cual las instituciones privadas tienen un papel preponderante en la ampliación de oportunidades y en el desarrollo del país.

Otro de los temas centrales fue el rol de las IES en la reconstrucción social de los territorios afectados. Se destacó que este proceso no debe limitarse a la recuperación física, sino que debe incorporar una dimensión social en la que las instituciones de educación superior contribuyan con conocimiento, formación y capacidades. En este sentido, se planteó la necesidad de que las IES construyan un capítulo propio de aporte a la reconstrucción social de los territorios y definan qué puede hacer la educación superior frente a estos desafíos.

La conversación también abordó la necesidad de transformar la oferta académica para responder a las nuevas dinámicas del país y del mercado laboral. Se planteó revisar la oferta de posgrados, fortalecer el bilingüismo y promover programas pertinentes, innovadores y articulados con el sector empresarial, evitando la saturación de determinados programas y avanzando hacia propuestas alineadas con las tendencias actuales.

En materia de internacionalización, se destacó la importancia de establecer alianzas con otros países, promover intercambios, fortalecer la internacionalización del currículo y explorar la exportación de servicios educativos. También se planteó la articulación con entidades como ProColombia y con el sector productivo para ampliar las oportunidades de las IES en escenarios internacionales.

Finalmente, se destacó la necesidad de generar mesas de diálogo y comités permanentes que permitan convertir estas reflexiones en decisiones y acciones concretas, así como repensar los esquemas de sostenibilidad y generación de recursos de las IES.

Por su parte, ACIET reiteró su disposición de acompañar este proceso y de trabajar conjuntamente con el ICETEX y las IES en la construcción de propuestas que contribuyan a la recuperación y fortalecimiento de la entidad, al acceso y permanencia de los estudiantes y a la transformación de la educación superior.

El encuentro reafirmó una visión compartida, donde las IES deben consolidarse como motores de progreso del país, articulando educación, sector productivo, internacionalización, innovación y compromiso con la transformación social de los territorios. Donde ACIET continuará siendo un aliado estratégico de ICETEX, acompañando y apoyando el desarrollo de las iniciativas planteadas durante la reunión.

Por: Lorenzo Portocarrero Sierra, director ejecutivo de ACIET

La educación superior en Colombia atraviesa un momento de profundas transformaciones. En medio de las discusiones sobre ampliación de cobertura, calidad académica y fortalecimiento institucional, comienza a hacerse cada vez más evidente un problema estructural que merece mayor atención en el debate público: la fragilidad financiera del sistema de educación superior y, particularmente, de las instituciones que lo sostienen.

La reciente entrada en vigencia de la Ley 2568 de 2026 —que modifica el esquema de financiación de la Ley 30 de 1992— y la expedición del Decreto 0173 de 2026 —que introduce medidas tributarias relacionadas con el impuesto al patrimonio— han reactivado una discusión fundamental sobre la sostenibilidad del sistema educativo en el país.

La Ley 2568 representa, sin duda, un avance importante para el fortalecimiento de la educación superior pública. La norma introduce un nuevo esquema de crecimiento presupuestal basado en el Índice de Costos de la Educación Superior (ICES) y una meta progresiva de inversión que busca alcanzar como mínimo el 1 % del PIB. Este cambio pretende superar el modelo anterior, en el que las transferencias a las universidades públicas crecían únicamente con base en el IPC, una fórmula que durante años resultó insuficiente para cubrir los costos reales del funcionamiento universitario.

Fortalecer la financiación de la educación pública es una decisión necesaria y positiva. Sin embargo, esta reforma también abre una discusión más amplia sobre la sostenibilidad del sistema de educación superior en su conjunto.

Colombia ha construido históricamente un modelo mixto de educación superior, en el que instituciones públicas y privadas han contribuido conjuntamente a ampliar la cobertura, formar talento humano y promover la investigación científica. Gracias a este esfuerzo conjunto, el país ha logrado avances importantes: la cobertura pasó del 54,9 % en 2022 al 57,53 % en 2024, y se proyecta cercana al 60 % en 2025.

No obstante, detrás de estas cifras alentadoras existe un contexto que plantea retos significativos para las instituciones. En los últimos años se ha observado una disminución progresiva de las matrículas en educación superior, fenómeno asociado a múltiples factores estructurales: la desaceleración demográfica del país, el aumento de estudiantes que buscan formación en el exterior, la migración, la visión de la geopolítica en el mundo, la disrupción tecnológica que están transformando los modelos de aprendizaje y el creciente interés de los jóvenes por trayectorias formativas más cortas orientadas a la inserción laboral temprana.

Esta tendencia tiene implicaciones directas sobre la estabilidad financiera de las instituciones de educación superior. Para muchas de ellas, especialmente las privadas sin ánimo de lucro, la matrícula constituye la principal fuente de ingresos para financiar su operación académica, su planta docente, sus proyectos de investigación, la infraestructura universitaria y los servicios de bienestar institucional.

Cuando esa fuente de financiación comienza a disminuir, el subsistema de educación superior privada entra en una zona de vulnerabilidad que afecta su capacidad de sostenimiento en el mediano largo plazo.

A este escenario se suma la expedición del Decreto 0173 de 2026, que establece la obligación de pagar impuesto al patrimonio a personas jurídicas cuyo patrimonio líquido supere determinados umbrales. Bajo esta disposición, numerosas instituciones privadas de educación superior —constituidas legalmente como entidades sin ánimo de lucro— podrían quedan sujetas a esta carga tributaria.

La preocupación del sector no radica únicamente en el pago del impuesto, sino en la naturaleza misma del patrimonio institucional. En las universidades, el patrimonio está conformado principalmente por activos no líquidos como campus universitarios, laboratorios, bibliotecas, clínicas universitarias o centros de investigación. Estos bienes no representan activos líquidos, sino infraestructura esencial para el cumplimiento de la misión educativa.

Gravar este tipo de patrimonio puede generar presiones de liquidez y obligar a las instituciones a redirigir recursos que normalmente se destinan a inversión académica. En la práctica, esto podría traducirse en el aplazamiento de proyectos de investigación, limitaciones en la contratación docente, retrasos en procesos de transformación digital o reducción en programas de bienestar universitario.

Estas decisiones no solo afectan la gestión administrativa de las instituciones, sino que pueden tener efectos directos sobre la calidad educativa y las oportunidades de formación de los estudiantes.

El desafío se vuelve aún más relevante si se considera que el país se ha propuesto metas ambiciosas de expansión del sistema. Alcanzar niveles de cobertura cercanos al 70 % requerirá instituciones sólidas, con capacidad financiera para sostener su crecimiento, invertir en innovación educativa y responder a los desafíos del conocimiento contemporáneo.

Por esta razón, resulta fundamental analizar de manera integral el impacto de las decisiones de política pública sobre el sistema de educación superior. La sostenibilidad del sector no depende únicamente de las transferencias del Estado ni de las matrículas estudiantiles, sino de un equilibrio entre financiamiento público, estabilidad institucional, políticas tributarias adecuadas y condiciones que favorezcan la inversión en conocimiento.

En este contexto, se hace necesario abrir espacios de diálogo técnico entre el Gobierno Nacional, las instituciones educativas y los diferentes actores del sistema. Estos espacios podrían permitir evaluar con mayor profundidad el impacto fiscal y financiero de las medidas adoptadas y explorar alternativas que reconozcan la naturaleza particular de las instituciones educativas sin ánimo de lucro.

La educación superior el activo más importante para el desarrollo del país. En sus aulas se forma el talento humano que impulsa la productividad, la innovación y la competitividad nacional. Garantizar la estabilidad financiera de las instituciones que sostienen este sistema no es solo un asunto sectorial; es una condición esencial para el futuro económico y social de Colombia.

Ampliar el acceso a la educación superior es una meta necesaria. Pero asegurar la sostenibilidad de las instituciones que hacen posible ese acceso debe ser, igualmente, una prioridad nacional.